Destiempo
- Cesar Erazo

- 29 jul 2019
- 2 Min. de lectura

Había pasado por cientos de camas de hospitales, y en ninguna pudo curarse del mal. El dueño del mundo, estaba enfermo. Ni una bomba química había sido tan potente para llevar a un hombre a un estado tan catatónico. El tiempo pasaba y cada vez iba perdiendo los sentidos. Utilizó todos sus poderes para conservar aquello sobre lo único que no tiene poder. A su alrededor, sus cercanos se mostraban ausentes de asombro. Sus enemigos parecían sentir algo de lástima por él.
Comenzó a pensar en quien confiar si algo le pasara. Decidió ir en busca de un antiguo amigo de la escuela. Resultó ser médico. No pudo diagnosticar su mal. Sin embargo, le recomendó una posible última esperanza. Se encontraba en la cabaña de un monje hindú que habitaba en Kazajstan. Para entrar ahí, debía desprenderse de todo aquello que lo identificara e ir como lugareño. Se sometió a una transformación extrema, hasta modificar su rostro.
Una vez listo, su avioneta privada sólo le sirvió para dejarlo caer en paracaídas cerca de la zona cero. Ya en suelo firme, inició la búsqueda donde muchos locales lo miraban con ojos de “the blue man”. Las coordenadas que tenía, no fueron muy precisas y con dificultad, luego de preguntar a los locales, alcanzó a arribar a la choza del anciano monje.
La entrada parecía una caverna. Al adentrarse, vio una puerta a medio cerrar con una cerradura que inmediatamente reconoció. Un sudor familiar lo acompañaba. Entró, era un pasillo largo como un túnel sin luz. Solo se asomaba una sombra de un hombre de espaldas. "El monje", pensó. Éste, se dio la vuelta y en ese momento el dueño del mundo se encontró con su reemplazo, el nuevo dueño de aquel nuevo mundo, emergente.
Bienvenido Siglo XXII.



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