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Bajo presión

  • Foto del escritor: Cesar Erazo
    Cesar Erazo
  • 29 jul 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 30 jul 2019


Otra vez el hi hat desde el principio. El fondo repetitivo del bajo, y ese festín de palmas con la melodía que lo preparaba para despertarse justo cuando escuchaba la voz de Freddy tarareando. Pressure… abrió los ojos.


No sabía si ya había amanecido. Veía nuevas constelaciones en el cielo que quizás podrían indicarle que había avanzado unos kilómetros. Intentó ponerse de pie. Le costaba respirar. El intenso frío había congelado su nariz. El agua ya estaba casi en sus rodillas. Miró alrededor y todos estaban acurrucados. Su memoria volvía… watching some good friends screaming, let me out! Al mirar sus rostros, parecía que les hubieran tomado una fotografía instantánea. Sabía que no duraría un día más. Quizás si la embarcación hubiera atravesado Islandia, la temperatura sería más templada. Según sus cálculos, estaba estancado en alguna parte del sur de Groenlandia.


El pánico empieza a congelarlo más que el frío. Sus lágrimas no llegan a sus mejillas. Un This is our last dance se instala en su cerebro. Regresa a él, aquella final del mundial de buceo de 1998 que perdió. Los médicos dijeron que no volvería a bucear pues los músculos de las piernas estaban atrofiados por tanto ejercicio. Pero ahora, sabía que la única forma de salir de aquel bote que estaba por hundirse, era nadar hacia el norte, y si lo hacía buceando rápidamente por debajo de los 15 metros donde la temperatura es más baja, probablemente los tiburones no percibirían su calor corporal.


¡Necesito protección!, pensó. Buscó entre la ropa, fierros y las provisiones de comida congelada. ¡Cocos! Podría parecer una locura, pero siendo el único elemento tan duro como una roca, podría protegerlo de una mordida segura de sus depredadores. Cogió los más pesados, que además podrían ayudarlo a mantenerse en el fondo, y se los amarró al cuerpo con unas telas. Para despistar a sus asesinos, decidió arrojar los cuerpos fuera del barco. Al mirarlos flotar sintió que estaba viendo un espejo. Saltó al mar y se hundió.


Se sentía como una aguja de una tonelada. Buceó lo más rápido que pudo. Sentía que nadaba por horas y días. Parecía una sirena gorda y deforme. El frío comenzó a hacer su trabajo. Sintió algo en sus piernas. No eran sus piernas, era un calambre mental. Bowie y Mercury cantaban en reversa. La presión del agua era fuerte por lo que soltó un par de cocos para subir un poco a la superficie. Un poco de luz lo flechó.


Entonces, escuchó pressure… No había hi tat. No sentía sus piernas. Predijo lo inevitable. Algo atrapó su pecho. A los pocos segundos, empezó a salir del mar como arrastrado por una fuerza elevándolo en el aire boca abajo. Miraba como los tiburones estaban debajo de él, y el agua escurría por su cabeza. En su mirada invertida, veía a dos hombres riendo sobre un bote cogiéndolo con un arpón que había atravesado uno de los cocos que tenía amarrado. Alcanzó a oír a uno de ellos que decía Insanity laughs under pressure we're cracking…

 
 
 

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